El otro día conversaba con una persona sobre el coste de adquisición de un presunto activo. Sí, eran criptomonedas. Por eso digo que es un presunto activo. Había adquirido unas cuantas por 400 euros y ahora tenían un presunto valor de 3.200 euros. Lo curioso es cómo razonaba en términos de coste y no de precio actual, y de ello, vamos a hablar en este artículo.

“Dame todos tus bitcoins”

Resulta que me comentaba que para él lo importante era que sólo le habían costado 400 euros las criptomonedas. Yo estaba escandalizado con que él tuviera esas criptomonedas, y le recomendaba su venta inmediata y cobrar ese dinero, porque sólo veía riesgos. Pero él me decía que no, que no pensaba vender nada porque sólo le habían costado 400 euros y de venderlas, esperaría a que valiesen 30.000 euros para así poder comprar un coche nuevo.

El análisis

De primeras, ya se observa el típico comportamiento burbujil en todo su esplendor. Es decir, los que participan en este mercado piensan que ese presunto activo no dejará de subir. De hecho, esta persona piensa que el precio de sus criptomonedas va a multiplicarse por 10 para poder comprar su coche. Todo un disparate. Eso es todo un signo de que la gente piensa que ha descubierto el nuevo El Dorado, pero en versión moderna (ummm…. ¿Esto me suena a los tulipanes? ¿O me suena a esas webs de finales de los noventa que tenían millones de visitas, perdian millones de dólares y subían sin parar…?)

Dejando de lado ese tema, que ya es suficientemente escandaloso, lo más curioso de este joven inversor es que no tiene en cuenta que las criptomonedas que había comprado valen en el preciso momento que hablamos unos 3.200 euros. Le daba igual. Palabras textuales. Cualquier inversor value diría aquello de “más vale pájaro en mano…” y saldría corriendo con el dinero. Es lógico. Yo ni siquiera hubiera llegado a invertir 400 euros en semejante casino. Pero en este caso, como en otros tantos, el público sólo se queda con el coste de adquisición. Y para él, se trata de una gran inversión.

Cómo el coste de adquisición bloquea al público

Este joven inversor me razonaba que, si lo perdía, “sólo perdería 400 euros”. Yo le decía que no, que perdería 3.200 euros, porque es el valor por el que ahora podría realizar el bien. El coste de adquisición tiende a bloquear las decisiones del público. Igualmente ocurre a la inversa. Si algo que le costó 400 euros bajara por debajo del coste de adquisición, el inversor cambiaría de actitud, y lo que pensaría es algo radicalmente diferente: Trataría de vender tan pronto como recuperase el valor de adquisición, con lo cual se cargaría la posibilidad de beneficiarse de una recuperación posterior del activo en el que invierte. Aunque bueno, en este caso, siendo criptomonedas, si te cuestan 400 euros y su precio en el mercado baja a la mitad, lo más sensato es venderlas también, porque su valor es cero.

Y siempre es así

Y eso mismo pasa con los inversores. Es muy habitual que el cliente medio decida esperar “hasta recuperar el capital invertido”. Lo cual puede generar tremendos costes de oportunidad. Porque, ¿No sería mejor recuperar el capital mediante la inversión en otros activos que puedan recuperar más rápido el capital en caso de que estemos perdiendo dinero? Pero pasa lo mismo al revés. Cuando el inversor está en beneficios, no evalúa nunca si esa es la mejor opción financiera para sus inversiones. Simplemente, está ganando y no le importa mucho la rentabilidad de la cartera. Total, como gana, ¿Qué más da todo?

Y es ahí donde el pequeño inversor siempre comete los mismos errores. Porque si trasladamos esto al resto de inversiones, resulta demasiado frecuente que el minorista se asusta si comienza perdiendo. Imaginemos una buena empresa, con buenos fundamentales, buenas perspectivas, buena generación de caja, con ventajas competitivas y que conocemos bien. Si el pequeño inversor entra en esta empresa y nada más entrar baja un 25% o un 40%, lo único en lo que piensa el pequeño inversor es en vender “As Soon As Possible”. Va a comenzar a vigilar la empresa todos los días para que nada más alcance el valor de compra, vender tan rápido como pueda. Lo cual es un error garrafal por dos motivos. El primero es que si el mercado te ha regalado la oportunidad de comprar más acciones a un precio mucho más bajo de una buena empresa que vale mucho más, quizás sea el momento de incrementar tu inversión en la misma. Y sentarse a esperar. Nada más. Por que lo más probable es que esa empresa cuando comience a subir, suba sin parar. Si te sales nada más comenzar la fiesta, te vas a perder el festín.

Y a la inversa lo mismo. La gente, cuando ve que gana, le da igual. Sólo piensa en el valor de adquisición. Pero no realiza un análisis de las plusvalías y de si convendría realizar otra inversión o no. De hecho, generalmente, le da igual, ya que mientras gane, todo es felicidad. Y de ahí que siempre, a los minoristas, las inversiones les ofrezcan un desempeño mediocre, tirando a lamentable.

Si les va mal, se quejan de que les va mal, pero no buscan alternativa. Y si les va bien, entonces todo da igual. ¿No es absurdo? Si, lo es. Es el pequeño inversor.

En fin, que luego hablamos de que la gente tiene mala experiencia en bolsa. Y en las inversiones. Pero esto es así porque la gente no aprende. Porque acaba cometiendo siempre los mismos errores. Ya lo dice Warren Buffet y no me acabo de cansar de repetir su maravillosa afirmación: “El letargo que raya en la holgazanería, sigue siendo la piedra angular de nuestro estilo inversor“. Si es que el brillante inversor tiene frases geniales. Para aquellos que os interesen, os dejo una bonita selección de frases del mítico inversor, a la que podeis acceder desde aquí.

Para finalizar

Sobre las criptomonedas, aunque ya he publicado otro post al respecto hace unos meses, me remito a lo dicho por brillantes inversores, como Francisco García Paramés o Warren Buffet. Podeis leer unos artículos (y ver un vídeo) aquí, aquí, aquí, y aquí. Paramés concluyó hace poco sobre el bitcoin que “Me han dicho que hay gente que gana al blackjack de manera recurente, pero yo no me atrevo. Yo no he jugado al bitcoin todavía. Es como el rojo y el negro“. Y es que así lo veo yo. Es más una especie de casino que una inversión. Así que si quieres jugar con tu dinero, las criptomonedas pueden ser muy amenas y excitantes. Pero si pretendes invertir tu dinero, parece que hay otras alternativas más sensatas. Yo lo tengo claro con mi dinero.