Continuamos con el segundo post de la crisis del Popular (aquí puedes ver el primero), que, por la extensión, se ha hecho necesario dividir en partes. En este nos centraremos más en detalle en lo ocurrido en los últimos meses, desde la llegada de Emilio Saracho, hasta la resolución de la entidad.

Comenzamos a buscar comprador

Y es que como comentábamos antes, lo que descubre el presidente no puede ser nada bueno, cuando decide comenzar a buscar un nuevo comprador. Desde este blog ya anticipábamos hace meses que la crisis de Popular tendría que resolverse antes de agosto, sí o sí (en este post). Y el motivo era bien claro: Saracho, hombre curtido en la banca de inversión, no asumiría ningún tipo de responsabilidad por las labores de gestión del anterior consejo. Y no es para menos. Y él, que llegó el 20 de febrero de 2017 porque era el día en que se aprobaban las cuentas de 2016, no estaba dispuesto a firmar unas cuentas semestrales (las que se cierran a 30 de junio) que no fueran una imagen fiel de la realidad de la entidad. De ahí las prisas por hacer ampliación o venta del banco antes de esa fatídica fecha, el 30 de junio: Cualquiera en su sano juicio no va a cargar con los muertos del anterior consejo, porque eso tiene graves responsabilidades de tipo civil e incluso penal. Es más, en caso de demandas posteriores, el anterior consejo podría defender que su gestión había sido correcta y avalada por el presidente posterior. Por eso Saracho no iba a firmar unas cuentas que no fueran fiel reflejo del patrimonio de la entidad. De ahí las prisas por evaluar todo, y la contratación de Miguel Escrig para hacer la labor de auditoría de la entidad y detectar quebrantos, muertos y similares.

No hay nada peor que ir con prisas

En el mundo de los negocios no hay nada peor que tener prisa. Y en el Popular no había prisa, había emergencia. Y había dos vías: Ampliación o venta. Parece que la primera alternativa, la ampliación de capital, se descarta desde el minuto 1 por una simple razón: Tendría que haber sido una ampliación brutalmente dilutiva para los accionistas. Y eso tendría una segunda derivada: Los que compraron en la ampliación de 2016 podrían ver la vía de abrir en canal al banco a base de demandas por que los datos dados para esa ampliación no eran, ni de lejos, los que realmente fueron a finales de 2016. Por tanto, si captas en esta ampliación 5.000 o 6.000 millones te arriesgas a tener que devolver, vía demandas judiciales, los 2.500 millones de la anterior. Parece bastante evidente que era una opción muy compleja y difícil de ejecutar. Pero hay más… Cuando llega Saracho a la presidencia, el Popular todavía ronda el euro por acción. ¿Cómo amplías capital con esa valoración si quizás la nueva ampliación deba hacerse a niveles de 0,10 euros o 0,20 euros la acción? Y eso sólo 1 año después de haber ampliado a 1,25 euros. Estaría demasiado cantando que hubo “inexactitudes” en la ampliación de 2016. Y de ahí que al final se opte por la segunda alternativa, la venta, que es la que ofrece un camino más despejado.

Y en una venta, las prisas no es que sean malas consejeras, es que te pueden hacer un auténtico estropicio, como ha sido el caso. Los interesados en comprar el Popular, reconocían que, como ha publicado el diario Expansión, que la entidad les estaba facilitando toda la información… excepto de la cartera inmobiliaria, de la que no es que no quisieran facilitarle datos. Es que no estaban muy actualizados o a veces faltaban cosas. Y de ahí que los interesados se muestren especialmente cautos a la hora de hacer valoraciones. Y en este tipo de operaciones, cuanta más prisa metas, peor, porque todo el mundo va a ir con extrema prudencia.

La evolución del valor en Bolsa

La evolución de la cotización empieza a ser preocupante. Con la llegada de la Junta General de Abril, la cotización sufre desplomes porque el presidente, quizás en un afán de ser demasiado transparente, deja claro que el banco se enfrenta a la disyuntiva de otra ampliación de capital o de una venta, algo que siempre había tratado de esquivarse. Y el correctivo es muy intenso. Llega mayo y parece que la cotización repunta algo, con la llegada de Sánchez Asiaín. Parece que el mercado empieza a descontar la venta del Banco a otra entidad, lo cual se pone en valor con las subidas.

Sin embargo, la prórroga en el plazo de la venta (cuando se anuncia que la fecha límite de la venta de la entidad pasa del 10 de junio al 30 de junio) sienta fatal al mercado por la señal que se lanza: No hay comprador y todos los interesados quieren más información antes de aventurarse. Y ahí comienza el principio del fin, con bajadas sistemáticas, y aceleradas, de la cotización. Y de ahí, a los telediarios. Y de los telediarios a las retiradas masivas de liquidez….

Por si todo eso no fuera suficiente, los vendedores en corto campan a sus anchas, forzando todavía más si cabe la bajada de la acción. Como siempre, la CNMV está de vacaciones. Curiosamente después este organismo, a la vuelta de sus eternas vacaciones, decide prohibir los cortos en Liberbank…. Pero porque se aplica un rasero diferente a unas entidades y no a otras. Pues porque la CNMV es así, un desastre como supervisor. O si se prefiere, lo más lejano a la SEC (Securities and Exchange Commission de EEUU) que uno pueda imaginar.

La liquidez, el infarto bancario

Pero ojo al tema, que, gracias a que el Popular está día sí y día también en los telediarios y en todos los informativos, el ciudadano medio y el no tan medio se empiezan a preocupar de la liquidez del banco. Y comienzan las retiradas que, aunque no son masivas en los particulares sí que son de amplio calado en grandes clientes, quizás motivado por información privilegiada, como han apuntado tanto el BCE como en mecanismo europeo de resolución, organismos que han emplazado al gobierno a investigar este asunto.

Y qué duda cabe que aquí nos encontramos algo que huele mal: El ministro Guindos rechazó cualquier investigación de este tipo. ¿Si dos organismos europeos independientes como son el BCE y la JUR indican que ha habido indicios de información privilegiada, como es que pasamos olímpicamente de ellos? Pues quizás porque tengan razón. Ojo al tema que no es baladí.

No hay quien pueda aguantar una riada de liquidez como la que sale del banco en dos semanas. Y acelerada por la retirada de depósitos de instituciones y empresas, lo que genera una dinámica brutal para un banco, con salidas masivas de depósitos, que motivan que la entidad tiene que acabar acudiendo al ELA (Emergency Liquidity Assitance) del BCE.

Y aquí viene otra de las historias que dará mucho que hablar sobre la intervención política. El Banco solicita el ELA al BCE y presenta colaterales como garantía por 36.000 millones. ¿Y qué hace el BCE? Le da 5.000 millones. ¿Cómo? ¿Está Vd. de broma? Pues no, el BCE le da 4 duros al banco tras presentar colaterales por importe muy superior. ¿Qué pasó en Monte dei Paschi? Pues que con menos colateral se le prestó mucho más. Parece que aquí tenemos otro muerto que apunta en dirección contraria, en este caso, hacia el Banco de España y el BCE por delegación.

Y así llegamos al fatídico día 6 de junio, en el que el Presidente dice al Ministro a las 3 de la tarde que el banco no tiene liquidez para abrir al día siguiente.

¿Cómo es posible que, una entidad que estaba totalmente vigilada por el BCE, que monitorizaba permanentemente su liquidez, se quede a media semana sin liquidez? ¿Se le cerró el grifo por intereses políticos? ¿Cuál ha sido el papel de Guindos en este asunto? ¿Que trataba Guindos con Ana Patricia en el Club Bilderberg? Porque recordemos que el fin de semana anterior el Ministro Guindos acudió, invitado por Ana P al Club Bilderberg en Canadá. Vaya dos tortolitos. De hecho, ese fin de semana fue muy criticado el ministro por no estar en Madrid y haberse ido de excursión.

Las intervenciones de entidades se hacen en fin de semana, para poder articular todo el dispositivo con los mercados cerrados y evitar mayores perjuicios. ¿Cómo es que el BCE pensó el viernes anterior que el Popular podía aguantar otra semana? ¿Cómo le facilitan tan poca liquidez en relación a los colaterales presentados? Es más…. ¿No se habrá pretendido realizar la subasta a media semana para pillar desprevenidos a otros interesados durante la semana y no darles tiempo de reacción, facilitando así la compra por menos importe?

¿Cómo se espera una semana más para tomar medidas con la entidad? Porque el adjudicar a la entidad a media semana pilla a BBVA con el pie cambiado, que no es capaz de reunir a su consejo de administración para tomar una decisión sobre si presenta una oferta de compra o no. Y así queda sólo la oferta del Santander.

Muchas preguntas y ninguna respuesta. En el próximo post avanzaremos sobre lo sucedido en la noche de los autos y todos los frentes judiciales abiertos. Este caso promete mucha más emoción que el caso Bankia.

Continuará… (enlace al tercer post)