En línea con lo que ha ocurrido con el sector, Sabadell no es ajeno al exceso de capacidad que plantea un entorno de tipos desafiante para la industria bancaria. Y al final ha optado por un ajuste de oficinas potente, de unas 250 oficinas de su red, y una reducción de unos 800 empleados, aunque veremos en que queda el asunto. Recordemos cuando parecía que Popular iba a reducir efectivos en unas 1.000 personas y la cosa acabó en 2.500. Así que no nos extrañemos si, llegado el momento del ajuste, Sabadell no va más allá de los parámetros indicados.

Continúa el ajuste sectorial

Como hemos defendido en diversas ocasiones desde este blog, estamos ante un proceso que finalizará en 2020 con unos 150.000 – 160.000 empleados de banca, lo que hace que todas las entidades tengan que seguir acometiendo procesos de ajuste no sólo por la vía natural (bajas voluntarias, jubilaciones, fallecimientos,….) sino mediante procesos de prejubilación, bajas incentivadas o despidos en sus diversas modalidades. Y es que desde los casi 300.000 empleos que llegó a tener el sector en España, todavía queda mucha capacidad por ajustar.

La peculiaridad de Sabadell

El proceso que acometerá el Sabadell tiene sus particularidades, o al menos, eso es lo que parece, de momento. Por lo visto, la entidad no va a negociar con los sindicatos sino que procederá al cierre de oficinas…. Y luego negociará con los empleados afectados por el cierre que es lo que va a hacer con ellos: Que si prejubilación, despido o recolocación. Pero, de momento, parece que no va a negociar nada. El objetivo de la medida parece bastante lógico: Permite una mejor selección de aquellas personas a las que la entidad quiera despedir y así evitar procesos de fuga de talento.

Con todo, el ajuste, aunque no alcanza la gran intensidad del de Popular, puede considerarse como un ajuste importante, sobre todo en número de oficinas, al afectar al 12% de las oficinas, y a 800 personas, casi un 5% de la plantilla del banco (15.800 empleados a 31/Dic/15).

Además Sabadell cuenta con sus propias problemáticas adicionales, como son la integración de TSB, el banco británico que compró hace un tiempo, en su afán de no quedarse relegado en tamaño dentro del sector bancario nacional e intentar evitar ser opado un día de estos, ya que es conocido el ansia de Oliú por seguir liderando el banco. Eso sin olvidar que este año 2016 lo cerrará sin poder alcanzar sus propios objetivos de conseguir un beneficio de 1.000 millones de euros, dejando esa cantidad en una cifra más próxima a los 800 millones. Quizás sea este otro de los motivos que ha invitado a la entidad a reducir una capacidad excedentaria, en línea con lo que ocurre en todo el sector.

El Consejo de Administración tiene otras preocupaciones

Llama poderosamente la atención un tema que siempre criticamos desde este blog. La alta dirección del grupo se ha protegido bien sus propios intereses, no los de los accionistas. Y para ello, el plan estratégico que debería dar comienzo en 2017 y finalizar en 2019 ha sido modificado. Este 2017 será un año de “transición”, y el plan estratégico dará comienzo en 2018 hasta 2020. ¿Razones? Así este año 2017 la entidad aprovechará para cargar los costes de la reestructuración y mejorar notablemente el potencial de beneficio de la entidad de cara al futuro. ¿Para que se hace así? Muy sencillo. Tomarán para el nuevo plan estratégico la referencia de costes de 2017, que serán artificialmente altos por la reestructuración, así como el beneficio de cierre de 2017, que será sustancialmente inferior al de 2016. De esta forma, se incrementará sustancialmente el beneficio de los años posteriores frente a 2017. Puro artificio contable con una clara finalidad: Asegurar el cobro de los bonus, que serán sustanciosos.

Y es que, sistemáticamente, se demuestra que los altos ejecutivos de empresas en las que tienen muy bajas participaciones los altos ejecutivos lo que les preocupa a estos es engordar su propio beneficio y no el de sus accionistas. Claro, como ellos no son dueños de la empresa o tienen participaciones meramente testimoniales en el capital, no tienen fuertes incentivos a mejorar la empresa y su potencial de beneficio a largo plazo, alineando sus intereses con los de los accionistas, sino a mejorar sus cuentas personales.

Y no vale con  decir que compramos un millón de euros en acciones de la empresa. Para ser accionistas significativos, deberían ostentar, empezando por el presidente, que menos que un 5% o un 10% del capital. Ese millón de euros que se invierte en acciones de la empresa… ¿Qué porcentaje supone la inversión de los altos ejecutivos en acciones de la entidad frente a los compromisos por pensiones que tiene la entidad con ellos? Blanco y en botella.

Esto es esas cosas que no tienen defensa. Y ya hemos hablado de estos asuntos en el blog. Invito a los lectores a releer el post sobre “La alineación de los intereses del Consejo de Administración con los de los inversores“. Al final, no importa como ya comentábamos en ese post que los gestores digan una cosa, como diría Donald Yacktman. Lo importante es lo que hacen. Y esto es la demostración de una fulgurante escasa identificación del consejo con los objetivos de los accionistas.

Y en el Sabadell parece claro que el ajuste está destinado a asegurar su bonus. ¿Pero que hay de los sufridos accionistas, tras interminables ampliaciones de capital que han diluido sustancialmente a los accionistas históricos?