En los mercados alcistas, como el que estamos viviendo, se tiende a sobrevalorar la capacidad de asumir riesgos del propio cliente. No es que el intermediario financiero o el asesor sea procíclico, es que es el propio cliente el que tiende a exceder sus parámetros de riesgo frente a una situación adversa.

Cuando esto sube, todo bien

Así es. Cuando el mercado sube, todo es felicidad. Incluso más de la cuenta. ¿Cuantos no han visto a esos clientes que se quejan de que ellos ganan menos que sus amigos? Son esos momentos en los que los inversores con escasos conocimientos se pavonean de lo bueno que van sus carteras y de lo listos que son. Es la típica conversación de la comida del Domingo o de la cena de fin de semana. Y claro, el que se pavonea, queda como muy listo, y el que tiene una cartera conservadora (acorde a su perfil) empieza a barruntar un par de días después de porqué él gana tan poco.

Y de ahí, en menos de lo que canta un gallo, se acerca a su entidad para quejarse de lo mal que le asesoran y le informan. Bueno, aunque sobre eso él va a tener razón (sobre lo mal que le asesoran y le informan, aunque el cliente no es consciente de ello), en realidad es su forma de externalizar su disconformidad con lo mal que lo hace la cartera que él tiene y cómo otros ganan mucho más (asumiendo una exposición diferente a mercado, claro).

Y los asesores de la entidad de turno, lo que hacen es dejarse de líos. Le elevan la exposición a bolsa de la cartera y listo. Ya está. Cliente listo para pegarse el palo y luego decir que a él la bolsa siempre le ha ido mal.

Y llega la corrección

Los clientes de este perfil luego se asustan impresionantemente. Y en cuanto ven que están perdiendo un 10% se salen, porque todos siempre afirman lo mismo, en entornos de cierta turbulencia: A ver si lo perdemos todo. Nuevamente, y ahora de forma meridianamente clara, acaba de declarar su profunda ignorancia financiera. No, sólo es una corrección, pero tú salte, a ver si justo cuando ya ha corregido el mercado, esto se da la vuelta y vuelve a subir, y así, te pilla fuera. Y cuando haya recuperado, te vuelves a meter. Es así como este perfil de cliente acaba perdiendo siempre: Consolida pérdidas y evita el recuperar inversiones.

¿Y si el cliente se sale porque viene un mercado bajista?

El caso es que, aunque venga un mercado bajista, siempre habrá empresas y negocios de gran interés para comprar. Es la maravilla de la imperfección del mercado. Un análisis sosegado, paciente y detallado de las empresas cotizadas es lo que nos puede dar un montón de empresas para invertir nuestro capital de forma conservadora. Y que incluso en un entorno negativo, pueda darse el caso de que haya empresas que nadan contracorriente. De ahí la importancia de buscar buenos negocios a buenos precios.

Y para el que no quiera líos de andar calculando perspectivas de una empresa, siempre tiene un montón de buenos fondos en los que invertir su dinero de forma segura y eficiente. Ojo al asunto: He dicho que hay muchos fondos buenos, no he dicho que tengan buena distribución. De hecho, los mejores fondos no son fáciles de conseguir porque tienen una distribución que los hace más difícil de localizar que los de las grandes redes bancarias. Es como todo en la vida: La recompensa al esfuerzo de buscar calidad son los buenos resultados a largo plazo. Es como la vida misma.

El value investing

Si, al final llegamos al value investing. Yo soy inversor absolutamente convencido de la bondad del mercado de valores, pero desde la perspectiva del value investing. Porque comprar buenos negocios a buenos precios es una idea sumamente atractiva, fácil de explicar, pero extraordinariamente difícil de implementar para el pequeño inversor. Pero también, es frecuente que no se comprenda adecuadamente por el inversor medio. Y es que al final, es una idea sencilla, pero requiere tener una forma de pensar abierta, flexible, pero también cierta paciencia y sangre fría.

Porque el pequeño inversor tiende a reaccionar con el mercado: Vende después de la bajada y compra después de la subida. Esto es una garantía de fracaso absoluto. Es ahí donde los fracasos son demasiado abultados y los clientes tienden a obviar para no demostrar su falta de experiencia. Por eso siempre se dan de bruces con el mercado la mayor parte de los pequeños. Incluso los que tanto se pavonean. Esos peor, porque sólo hablan de los éxitos, pero no de los fracasos…. ¿Quién no se ha dado un palo en el mercado?

Realmente, el Value investing es todo un referente para un inversor, porque te aporta una visión clara, incluso en los momentos en los que puedes tener serias dudas de si estas en lo correcto o no. Esto le ha pasado a mucho inversores value. ¿Comprar una empresa y que se desplome otro 50%? Es perfectamente viable. ¿Es mala la empresa? Seguramente no. Es más, puede que sea un momento ideal de añadir a la cartera más posiciones de esa empresa, porque si antes era buena, ahora es el doble de buena. Y por eso debemos tener una reserva de liquidez, lista para aprovechar estas oportunidades. En realidad, el value implica mucha sangre fría, tranquilidad, pero sobre todo, paciencia. Templanza. Y tener un buen conocimiento de lo que se hace. Si todo ello está, lo único que se debe hacer en un momento de crisis es esperar. Con calma. El premio vendrá después.

Explícale tú el value investing al cliente de a pie

Pues algo que es fácil de entender, de explicar… Le resulta imposible de entender a la mayor parte de la clientela. A pesar de los ímprobos esfuerzos que realizo por su explicación, es complejo de hacerlo llegar al cliente. Porque el cliente generalmente no tiene una gran formación financiera. Y tampoco, en general, muchas ganas de aprender. Ni de comprender. Y así estamos.

Pero luego te encuentras con que ahora el “value investing” parece estar de moda. Todos son “value” hasta los que no”. El otro día, en una conferencia de inversores de una conocida gestora presuntamente “value” me daba cuenta de cómo ellos hacen un uso muy intensivo del value investing desde el punto de vista del marketing, pero en la práctica, de eso nada. Son un mero reclamo bajo un disfraz, unido a unas buenas rentabilidades gracias a que los mercados han sido extraordinariamente alcistas. Pero veremos qué pasa cuando baje la marea….

Y al final, nos encontramos con el mismo tema de siempre: El gran público ni le interesa su futuro financiero, ni su planificación financiera, porque no tienen una mínima base de formación. Y llegamos al punto de que nadie se preocupa por temas como las pensiones que no cobraremos en un futuro, o los problemas derivados del exceso de endeudamiento. Siempre es lo mismo. Una pena.