Mucho se está hablando últimamente de todas las fusiones que pueden hacerse en la banca patria. Parece que los grandes, Con Santander, BBVA y Caixabank lideraran los procesos de integración.

¿Quien se quedará sin sillón?

¿Quien se quedará sin sillón?

Pero esto pueda dar mucho de sí. No hay que dudar de que capacidad tienen, ya que tienen potentes estructuras, alguna con una baja utilización de la capacidad, como es Caixabank. Esta entidad, si actuara como integradora podría “engullir” a alguno de los 7 enanitos sin tener que incrementar ni un solo empleado, bastaría con una reubicación de los que tiene actualmente, lo cual tendría un impacto brutal en los ingresos de la nueva firma, pero evidentemente generaría un problema social por el elevado número de despidos que generaría. De hecho, Caixabank cuenta con un volumen de negocio en España similar a BBVA España y Santander España, pero tiene  muchos más empleados. De los 3, el que cuenta con la estructura más ajustada, sin duda, es Santander, que tiene  24.000 empleados, y eso haría que si actúa de integrador no se genere tanto desempleo como en el caso de Caixabank.

 

Lo más interesante y que me genera enormes dudas es Bankia. Realmente cuenta con un equipo directivo de primer nivel, pero con dos problemas serios: La participación pública, que ronda el 65% y las limitaciones que ha impuesto la UE hasta 2017. Esto hace que no pueda, teóricamente, actuar como consolidador, aunque jugaría un papel excelente, al contar con un balance totalmente saneado y una estructura altamente eficiente, actualmente, la más eficiente de la banca Española, ya que le ha levantado el puesto al Popular, el banco históricamente más eficiente de España.

 

Es en la banca mediana donde empiezan las cosas a verse más interesantes. ¿Qué pasará con Popular o con Sabadell? ¿Y Bankinter? ¿Lo incluimos en este grupo o en el de los enanitos? Desde mi punto de vista, deberían incluirse en este grupo, ya que la potencia de la filial aseguradora le garantiza unos niveles de resultados estables que no tiene, ni por asomo, ninguno de los enanitos. Y que ya le gustaría a cualquiera de los medianos. Y es que esos resultados de Línea Directa son una fuente de estabilidad y de ingresos asegurada, en tiempos de tipos de interés negativo, en los que los resultados salen por las comisiones de fondos y seguros, porque el negocio tradicional de prestar y tomar prestado no da grandes alegrías, sino más bien, algún que otro disgusto.

 

Así visto, Bankinter podría seguir a su aire, gracias a su parte aseguradora, que le da una estabilidad impresionante. ¿Pero y qué hacer con Popular o Sabadell? Los chicos de Oliú parece que llevan un tiempo oliéndose la tostada y por eso hace ya unos meses que el banco decidió llevar a cabo la compra del TSB británico, operación que no estuvo exenta de riesgos porque el regulador británico no parecía estar muy de acuerdo en la compra, por culpa de los DTA que tiene Sabadell en balance. Y es que eso era una clara debilidad. El caso es que al final, se salieron con la suya y compraron el banco inglés. Así que parece que Sabadell va aclarando su futuro, sobre todo de cara a evitar la absorción por algún banco español mayor. Y es que, ¿A quien le gusta que le manden pudiendo mandar uno?

 

Pero de esta terna nos queda Popular, que aquí que hay miga. ¿Qué está esperando el banco de Ron? Cuando se realizó la ampliación de 2.500 millones de 2012 el banco presentó un plan de negocio a 5 años, en el que se comprometía a que en 2018 el banco generara un 30% de su resultado procedente de fuera de España. Ya en 2013 tuvieron que reconocer que no podrían cumplir el plan de negocio, al ver como la mora escalaba de forma rampante y el negocio no crecía. Pero lo que le está condenando al banco es su nivel de mora, ya que es difícil soportar un nivel que excede el 13%.  Es justo destacar que este año el banco lo está haciendo bien en la reducción del stock inmobiliario, y acabará vendiendo más de 2.000 millones de euros de inmuebles. Pero el problema le viene de que no fue igual de ágil en los años 2011, 2012, 2013 y 2014, donde los grandes se apuraron a vender stock inmobiliario, eso sí, a costa de bajar precio y perder más de lo que tenían provisionado. Quizás ahí el Popular ha seguido una estrategia de venta más prudente, evitando tener que provisionar más y de esta forma, dar salida al stock en mejor momento de mercado que el que se vivió en aquellos años. Pero el problema sigue siendo el mismo: Más de 30.000 millones de ladrillo son una losa muy pesada. Recordemos que esta entidad está metida en un proyecto de gran envergadura, como filtró El confidencial, con la creación de un banco malo para dar salida a los activos inmobiliarios de peor calidad, lo cual le permitiría desconsolidar esos activos, que a buen seguro, serán los más invendibles de todos los que tiene la entidad.

 

Y quizás por eso el Popular está más afanado en achicar el agua que operaciones corporativas. De ahí que también se comente que podría ser engullido por alguno de los grandes. Muchas voces apuntan al Santander, el único de los grandes que no ha “cazado” pieza en la integración bancaria española (salvando las integraciones dentro de su propio grupo empresarial). Quizás le vendría muy bien para tener una división de banca de empresas muy potente, de la que el Popular se muestra muy orgulloso y ha hecho que sea su referencia. Pero también puede que Popular actúe de integrador, como hace algunos días apuntaba el diario cinco días, al señalar que se le han acercado personas del entorno de Ibercaja y de Unicaja de cara a explorar una posible integración en Popular. El caso es que sea cazador o presa, Popular sí que parece que va a bailar en esta próxima fiesta de integración que se avecina.

En cualquier caso, las fusiones, y si no al tiempo, vendrán determinadas por los repartos de asientos en los consejos y los puestos que se den a los potenciales integrados. Eso será lo decisivo, y no tanto el precio, porque en el escenario actual, realmente resulta difícil valorar un banco. ¿Es caro o barato? ¿Se valora por múltiplos sobre valor en libros o por EBITDA? ¿Y una combinación de ambos? ¿Y si se tiene en cuenta la mora? ¿Y los diferenciales de la cartera de crédito? Al final, las integraciones estarán totalmente condicionadas a lo bien parados que queden los jefes de los bancos comprados en los bancos integradores. Y si no, al tiempo.

¿Pero y que pasará con los siete enanitos? Esos para otro día.