La entidad de rojo parece que comienza a ajustar las condiciones de una cuenta con la que nunca le han salido los números. Y es que en estos momentos de tipos 0, ofrecer un 3% para 12.000 euros (más el 2% para 2.000 y el 1% para 1.000) unido a una serie de bonificaciones en recibos, resulta de lo más atractivo para el pequeño inversor, especialmente si se considera que el mercado muchas entidades ya no remuneran los plazos fijos. Pero la cuenta de resultados del grupo comienza a pesar.

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Y es que al final, no es soportable estar perdiendo 500 millones de euros anuales por un experimento que, aunque les ha ido muy bien en UK, no está resultando tan favorable en España como se esperaba la entidad.

Para el típico cliente de plazo, las condiciones de la cuenta son realmente interesantes, aunque es un poco pesado cumplir con ciertos criterios, como el del uso de la tarjeta de débito para simplemente sacar dinero en los cajeros. Aunque bueno, siempre se pueden cumplir pequeños requisitos si el beneficio compensa….

Y es que esta situación ha hecho, como reconoce la propia entidad, que haya una enorme cantidad de clientes que cumplen “justitos” los requisitos, pero que ese cumplimiento no se está traduciendo en un incremento de captación de negocio en otros frente que le interesan realmente a la entidad, como son los fondos de inversión, los planes de pensiones, la operativa de valores o los seguros. Y es ahí donde está lo realmente interesante para el banco.

Parece que el cliente español difiere bastante del británico, que, una vez que comienza a trabajar con un banco tiende a llevarse todo para ese banco. El cliente español, y especialmente el que cambia por promociones es un cliente que acepta aquellas propuestas que le interesan, pero que no se “casa” con nadie. Y es ahí por donde el Santander ha comenzado a quejarse.

Para ello, ¿Que mejor que cambiar los requisitos de vinculación de la cuenta 1-2-3? Y además, para que no haya escapatoria, el Santander también ha cambiado la cuenta que tiene de “tapadillo” para aquellos clientes que rechazan cumplir los requisitos de vinculación de la cuenta 1-2-3 pero que, sobre todo, se niegan rotundamente a pagar ni un céntimo de comisiones. Es la “Cuenta día a día”. Era la gran alternativa que ofrecía el Santander para aquellos clientes que no querían los líos de la cuenta 1-2-3 pero no aceptaban el cobro de comisiones, aunque ello supusiera renunciar al beneficio de la 1-2-3.

 

Aquí llega la sorpresa

Por un lado, el Santander ha comenzado a apretar las tuercas a la cuenta 1-2-3. Para ello, todo aquel que quiera beneficiarse de las condiciones de esta cuenta, hasta la fecha le bastaba con tener la tarjeta de débito, que era gratuita (sólo pagaba los 3 euros mensuales de mantenimiento de la cuenta). Ahora tendrá que tener también la de crédito (y usarla al menos 1 vez) para que se le bonifique la cuenta de vista con el tipo de interés tan atractivo que tiene. Y como no, por disponer de la tarjeta le cobrarán 3 euros. O sea, que el coste fijo de la cuenta 1-2-3 pasa de 3 euros a 6 euros al mes (lo que cuesta la cuenta más lo que ahora le cobran por una tarjeta de crédito que el cliente necesitará imperiosamente para poder cumplir con los requisitos 1-2-3). Y además, debes cumplir el mix de uso de las tarjetas. No basta con tenerlas: Hay que usarlas.

Café para todos

Y por otro lado, los clientes de la cuenta sin comisiones (la “Cuenta día a día”), han visto como pasan a tener que pagar 3 euros al mes, quieran o no tarjetas. Si las quieren bien, porque son “gratis”, pero si no las quieren, van a pagar los 3 euros al mes. Es decir, ahora no se libra nadie de pagar 3 euros al mes por las tarjetas, las quieras o no.

 

Y de aquí podemos sacar alguna idea

Primera lección del Santander: No hay cliente al que no se le cobren comisiones. Todo el mundo tendrá tarjetas con su cuenta y a todos se les va a cobrar: A unos 36 euros al año y a otros 72 euros. Pero aquí pagan todos, sin excepciones. Y cuidado no estemos ante una tendencia en la banca española: Todos los clientes pagan gastos, a cambio de la presunta gratuidad de un producto adicional (aunque no se quiera). La pregunta que nos debemos hacer aquí es: ¿Para cuando tomará nota el sector del asunto? Estoy seguro de que en un plazo relativamente cercano, porque los márgenes están cada vez más deprimidos y no hay alternativa si no hay subida de tipos inminente (y no parece, de acuerdo a los mensajes de Draghi). Se acabó eso de no pagar por nada. Ahora todos van a pagar, sean buenos o malos clientes, pero todos contribuyen a pagar el coste del servicio.

Segunda lección del Santander: Los productos se lanzan con unas condiciones, pero esas condiciones pueden ir variando con el tiempo, de acuerdo a la política comercial de la entidad. Y es que parece que era pronto para dar el paso que ya dio en el UK, al rebajar el tipo de interés de la cuenta. De momento, comisión a todos. ¿Cuál será la próxima vuelta de tuerca? Nos lo dirán en 2018. Desde este blog, hacemos nuestra propia apuesta: El próximo movimiento será una bajada de tipos (si no han subido los tipos para entonces) o una subida de comisiones (si ya hubiera habido un repunte de al menos 1 punto en el euribor). Hagan juego.

 

Si es que… ¿Quién no se esperaba un cambio de este tipo? Pues una parte de la clientela, que muy ilusamente cree que estas cosas duran para siempre. De hecho, estos días parece que las oficinas de Banco Santander empiezan a recibir las protestas de algunos clientes al respecto de las variaciones de condiciones. Lo que no se les dice es que más cambios habrá. Como no podía ser de otra forma, en un producto antirentable para el banco y que tantas críticas ha levantado entre los analistas por el grave perjuicio que supone para las cuentas del banco. Pero es la misma estrategia de siempre: Se consigue un volumen muy elevado de clientes y posteriormente, vas aplicando cambios poco a poco que eleven la rentabilidad y al final, algo que era ventajoso para el cliente se convierte en algo ventajoso para el banco. Es normal: Un banco es una empresa privada que se debe a sus accionistas, a los que tiene que retribuir, porque para eso han invertido su capital en la entidad. Y es que ya lo dice el dicho: Nadie da duros a cuatro pesetas. Y menos el Santander.